jueves, 19 de febrero de 2015

LA MARCHA DEL SILENCIO

“Caminante son tus huellas el camino y nada mas; caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar, se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino sino estelas en el mar”. Estoy en medio de una cuestión, tengo dos alternativas, mis opciones son fáciles pero siempre cada acto trae una consecuencia. Podría pasar el tiempo escribiendo un breve texto analizando todo lo que pasó ayer en la “Marcha del silencio” organizada por los fiscales o simplemente podría dejar la frase de Juan Manuel Serrat que simplifica todo lo que estamos viviendo como sociedad y como país a nivel mundial. Ambas de mis dos opciones son válidas, no hay equivocaciones.

Como leyendo el futuro, como viendo lo que pasaría, el autor español nos recitó esa frase. Nosotros, como pueblo argentino, somos ese caminante. Ese caminante que pasó muchos obstáculos y que siempre volvió a ponerse de pie. Que supo caerse mil veces pero siempre se levantó una más. Sabrán ustedes mismos qué obstáculo pasó cada uno como familia y como individuo dentro de los años vividos. Pero lo de ayer, fue único. Es irrelevante saber la cifra de la marcha, porque ayer deberíamos haber ido todos, sin importar la ideología política, debido a que es mucho más profundo que una línea de pensamiento, se trata de saber la verdad. Porque lo que le pasó a Nisman, le podría haber pasado a cualquiera, es más, le pasa a cualquiera cuando uno sale de la casa sin saber si regresará. Duele. Pero es en la realidad en la que vivimos. La frase de “Todos Somos Nisman” no es por el caso en que estaba a punto de denunciar y de declarar, es por la inseguridad con lo que nos rodeamos, porque si un fiscal denuncia al poder y le ocurre esto que espera un ciudadano común que está esperando saber quién se apoderó de la vida de un ser querido, con qué consuelo y qué confianza le da al Poder Judicial para que su caso se resuelva. Es así, la triste verdad.

         Lo que se vivió ayer en las calles, en el aire, en el interior de cada persona hacía que el silencio sea el grito más fuerte de cada ciudadano argentino, porque el silencio a veces es mucho más profundo y demostrativo que el grito de una persona. Porque ayer no se trataba de estar o no estar a favor de un gobierno, era mucho mas que esa cuestión, se trataba de demostrar que el pueblo esta unido y que está cansado. Cansado de que le mientan en la cara. Cansado de que siempre tarde un poco más de lo habitual saber cuál es la verdad. Cansado de las rupturas. Cansado de no tener esperanza, de saber que mañana cuando se despierten, todo seguirá igual. Me llena de orgullo y de confianza al ver millones de personas de distintas edades caminando por Avenida de Mayo sin importar la lluvia ni el horario, todos sabían de lo que estaban haciendo, de qué le estaban aportando a la sociedad y de lo que estaban logrando. Me quiero detener en el gran gesto por parte de los fiscales al organizar esta marcha en memoria de Alberto Nisman, recordándolo como profesional, amigo, esposo y padre porque no todos reciben tanto cariño por parte de tus colegas, no todos llegan a ese punto. Emoción en estado puro cuando pude ver la imagen de su ex esposa y de su hija mayor buscando alguna respuesta, un consuelo y algunas palabras que –tal vez- nunca llegarán. Celebro que haya sido todo como estaba previsto, sin mensajes, sin carteles, sin una bajada, simplemente siendo uno mismo y luchando para mejorar las cosas.


         No creo –ojalá me equivoque- que logremos algo en el corto lapso pero sin duda alguna, esto tiene que ser un asterisco en nuestra rica y maravillosa historia, no tiene que ser una movilización más, quedando en el olvido. Necesitamos respuestas y una justicia más dinámica y rápida, para el mayor beneficio de todos los argentinos.

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