“Caminante
son tus huellas el camino y nada mas; caminante no hay camino, se hace camino
al andar. Al andar, se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda
que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino sino estelas en el
mar”. Estoy en medio
de una cuestión, tengo dos alternativas, mis opciones son fáciles pero siempre
cada acto trae una consecuencia. Podría pasar el tiempo escribiendo un breve texto
analizando todo lo que pasó ayer en la “Marcha del silencio” organizada por los
fiscales o simplemente podría dejar la frase de Juan Manuel Serrat que
simplifica todo lo que estamos viviendo como sociedad y como país a nivel
mundial. Ambas de mis dos opciones son válidas, no hay equivocaciones.
Como leyendo el futuro, como viendo lo
que pasaría, el autor español nos recitó esa frase. Nosotros, como pueblo
argentino, somos ese caminante. Ese caminante que pasó muchos obstáculos y que
siempre volvió a ponerse de pie. Que supo caerse mil veces pero siempre se
levantó una más. Sabrán ustedes mismos qué obstáculo pasó cada uno como familia
y como individuo dentro de los años vividos. Pero lo de ayer, fue único. Es
irrelevante saber la cifra de la marcha, porque ayer deberíamos haber ido
todos, sin importar la ideología política, debido a que es mucho más profundo
que una línea de pensamiento, se trata de saber la verdad. Porque lo que le
pasó a Nisman, le podría haber pasado a cualquiera, es más, le pasa a
cualquiera cuando uno sale de la casa sin saber si regresará. Duele. Pero es en
la realidad en la que vivimos. La frase de “Todos Somos Nisman” no es por el
caso en que estaba a punto de denunciar y de declarar, es por la inseguridad
con lo que nos rodeamos, porque si un fiscal denuncia al poder y le ocurre esto
que espera un ciudadano común que está esperando saber quién se apoderó de la
vida de un ser querido, con qué consuelo y qué confianza le da al Poder
Judicial para que su caso se resuelva. Es así, la triste verdad.
Lo que
se vivió ayer en las calles, en el aire, en el interior de cada persona hacía
que el silencio sea el grito más fuerte de cada ciudadano argentino, porque el
silencio a veces es mucho más profundo y demostrativo que el grito de una
persona. Porque ayer no se trataba de estar o no estar a favor de un gobierno,
era mucho mas que esa cuestión, se trataba de demostrar que el pueblo esta
unido y que está cansado. Cansado de que le mientan en la cara. Cansado de que siempre
tarde un poco más de lo habitual saber cuál es la verdad. Cansado de las
rupturas. Cansado de no tener esperanza, de saber que mañana cuando se despierten,
todo seguirá igual. Me llena de orgullo y de confianza al ver millones de
personas de distintas edades caminando por Avenida de Mayo sin importar la
lluvia ni el horario, todos sabían de lo que estaban haciendo, de qué le
estaban aportando a la sociedad y de lo que estaban logrando. Me quiero detener
en el gran gesto por parte de los fiscales al organizar esta marcha en memoria
de Alberto Nisman, recordándolo como profesional, amigo, esposo y padre porque no
todos reciben tanto cariño por parte de tus colegas, no todos llegan a ese
punto. Emoción en estado puro cuando pude ver la imagen de su ex esposa y de su
hija mayor buscando alguna respuesta, un consuelo y algunas palabras que –tal
vez- nunca llegarán. Celebro que haya sido todo como estaba previsto, sin
mensajes, sin carteles, sin una bajada, simplemente siendo uno mismo y luchando
para mejorar las cosas.
No
creo –ojalá me equivoque- que logremos algo en el corto lapso pero sin duda
alguna, esto tiene que ser un asterisco en nuestra rica y maravillosa historia,
no tiene que ser una movilización más, quedando en el olvido. Necesitamos
respuestas y una justicia más dinámica y rápida, para el mayor beneficio de
todos los argentinos.

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