Cansado. Me
despierto luego de haber dormido bastante, me siento en el borde de la cama
apoyando mis pies sobre el caliente piso de mi habitación. Giro la cabeza de un
lado a otro, tratando de ordenar este día. Mientras estoy sentado lentamente me
voy acordando del sueño. Siendo sincero no me acuerdo mucho, sé que comenzaba
mucho tiempo atrás, allá por el 2002, cuando era un chico de diez años que se
levantaba a la madrugada con sólo ver los cruces de Ayala, la magia intacta de
Verón, las locuras de Ortega, las corridas de Caniggia y los goles del eterno
Batistuta. Fueron apenas 3 madrugadas. El paso del tiempo me llevó a Europa, el
horario era lo de menos, un Riquelme, Saviola, Crespo, Mascherano me llevaban
más allá de lo que pude imaginar y por cosas del fútbol y del destino,
recordaba ver la imagen de un Cambiasso completamente abatido.
Vuelvo a la
realidad, sigo sentado, los minutos que tardé en recordar el sueño fueron muy
pocos, sabía que tenía que levantarme a comenzar el día pero todavía estaba
recordando. Año 2011, las cosas del fútbol y las culturas nos llevaban a
Sudáfrica. Pero no importaba, teníamos al mejor del mundo en nuestras líneas
respaldado por uno de los planteles más ricos y al mejor jugador en la historia
como técnico, nada podía salir mal. Bochornoso 4-0 frente a Alemania y a casa.
Sigo tratando de recordar como continuaba, mientras tanto abro los diarios,
miro la televisión y escucho la radio, y un tal Lio Messi y Mascherano no
paraban de ganar títulos en el Barcelona, un chico de Rosario llamado Di María
jugaba en el Real Madrid ganando un par de títulos, algún argentino de apellido
Agüero rompía redes por toda Inglaterra, lo mismo que un Higuaín en el sur de
Italia. Tenía que ser la nuestra, además de contar con el mejor plantel del
mundo en cuanto a nombres e individualidades, era en nuestro país vecino, nada
más lindo que festejar nuestro tercer mundial frente a un país clásico como lo
es Brasil. Los que tenían que aparecer no aparecieron y quedamos segundos,
nuevamente, perdiendo con Alemania.
Todo me
resultaba raro, las luces del cuarto todavía no se encendían, estábamos mi
mente, los recuerdos del eterno sueño y yo. No era lo mismo, no tenía ese gusto
dulce como el Mundial pero se acercaba la Copa América en Chile, todos lo que
hayamos leído un par de libros sabemos que historia bélica hay detrás, tenemos
la obligación de ganarla, no sólo para verificar lo hecho en el Mundial y que
teóricamente los jugadores llegaban con un mejor estado, sino por los mismos
jugadores. La historia se repetía, triunfo paupérrimo frente a Jamaica, empate
lamentable frente a un Paraguay desconocido y una selección que daba más dolor
de cabeza que satisfacción. Pese a todo, llegamos a la final para enfrentar a
los dueños de la casa, aquella selección chilena que nunca nos había ganado en
una Copa América y sus vitrinas se caracterizaban por estar vacías. Deja vú del
Mundial de Brasil, los – o mejor dicho el – que tenían que aparecer no lo
hicieron y nuevamente, un segundo puesto.
Me tomo unos
momentos para pensar en qué fue lo que pasó, en lo vacío que me sentía, en lo
triste que me ponía pensar cómo hay gente que puede dejar un trabajo, a la
familia, a la novia, a sus hijos para hacer un viaje y verlos noventa minutos
correr atrás de una pelota, en cómo puede ser que haya personas que estén
satisfechas viéndolos ganar un título internacional en sus clubes mientras que
en la selección pasan sin pena ni gloria. Seguía pensando y cuanto más tiempo
pasaba, mas me angustiaba. Me acordé de la historia que me contó papá y su
frase del “en el Mundial del ’86 se fueron de acá para México, a nadie le
importaba, decíamos que nos volvíamos rápido y nos trajeron la Copa” la repetí
mil veces en mi cabeza y tomé una decisión. No me ilusiono más. No quiero
sentirme el mejor sin serlo, sin ver a aquel hombre vestido de blanquiceleste
todo embarrado levantando la Copa. Perdón Argentina, no me ilusiono más, ya me
ilusionaron por trece años. Vuelvo a dormir, para volver a escribir y que el
final, no sea el mismo.
Joaquín López Gestoso
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